La ley del embudo, la de toda la vida, es esa que te dice «ancho para mí, estrecho para los demás». Si alguna vez has salido de una junta de propietarios con la sensación de que algo se te ha escapado sin darte cuenta, probablemente no haya sido paranoia tuya. Es un mecanismo conocido y se repite en comunidades de todo tipo.
Se discute media hora por una factura de 80 euros del jardinero y se aprueba en treinta segundos, sin apenas preguntas, una reforma de 40.000 euros porque «ya es tarde y mañana hay que currar». Probablemente lo has vivido. Y quizás has votado algo de lo que después te has arrepentido, sin saber muy bien por qué.
No siempre es mala suerte. A menudo son sesgos, esos atajos mentales que todos usamos sin darnos cuenta. Y como propietario, conviene conocerlos, porque es tu patrimonio el que está sobre la mesa en cada votación.
El sesgo del «mejor no tocar nada».
Uno de los más habituales, y de los que más deterioran un edificio con el tiempo, «la parálisis por miedo al gasto«.
La fachada tiene una grieta, el tejado gotea, el ascensor lleva tiempo dando avisos, pero como arreglarlo cuesta dinero hoy, se vota que no. El razonamiento que probablemente has escuchado en tu propia junta es siempre parecido; «ya aguantará un año más«.
A nuestro cerebro le pesa más perder 300 euros este mes que la certeza de perder 1.500 dentro de tres años, aunque la cuenta no salga.
Por eso es tan importante que, antes de votar, alguien ponga el coste real de posponer encima de la mesa, con números y plazos concretos, no solo con sensaciones.
En AFISER procuramos presentar siempre esa comparativa —coste de actuar frente a coste de esperar— para que la decisión se tome con información, no a ciegas.
La información también condiciona la decisión.
Otro factor que pesa más de lo que parece, «cómo y cuándo llega la información a la junta puede influir tanto como la información en sí«.
No hace falta que nadie mienta para que un mismo presupuesto se perciba de forma distinta según cómo se presente, o para que un punto importante pase casi sin debate si llega tarde en el orden del día.
La ley reconoce a los propietarios el derecho a consultar la documentación antes de la junta, con margen suficiente para revisarla con calma, no solo en los minutos previos a la votación ¡Pídela!
En AFISER damos importancia a este punto poniendo a disposición la documentación para que cada propietario pueda llegar a la junta con criterio propio.
El cansancio también influye en el voto.
Hay un patrón curioso en muchas juntas, «las decisiones más importantes rara vez se tratan al principio» cuando todo el mundo está atento. Suelen llegar al final, cuando ya hay ganas de terminar, y eso favorece que se aprueben con menos debate del que merecerían.
No es necesariamente intencionado, pero conviene tenerlo en cuenta a la hora de organizar el orden del día.
Por eso procuramos situar los asuntos económicos relevantes en los primeros puntos, cuando todavía hay margen real para discutirlos.
El miedo a preguntar.
Y un último sesgo, muy humano, «a casi nadie le gusta ser el que pregunta«, el que pide ver varios presupuestos o dice «explícamelo otra vez».
Existe un coste social en parecer desconfiado, y eso lleva a que muchas decisiones se aprueben por inercia de grupo, aunque algunos tengan dudas que no llegan a expresar.
Como propietario, preguntar no debería tener ningún coste. Y un buen administrador no solo debe permitirlo, sino animarlo activamente.
«Una junta sin preguntas no es necesariamente una junta tranquila», puede ser simplemente una junta poco informada.
Algunas cosas que conviene pedir a quien gestiona tu comunidad.
No existe una fórmula que elimine del todo estos sesgos, pero sí hay buenas prácticas que ayudan a reducir su impacto;
- Recibir la documentación con tiempo suficiente para leerla con calma, no la víspera de la junta.
- Situar los puntos económicos importantes en los primeros lugares del orden del día.
- Ver varios presupuestos comparables, presentados de forma equilibrada.
- Que el coste de «no hacer nada» también se explique con cifras y plazos, no solo el coste de actuar.
- Sentir que preguntar está bien visto, no que incomoda.
La ley del embudo no se combate con buenas intenciones únicamente, sino con procedimiento y con tiempo bien gestionado.
En AFISER entendemos la gestión de comunidades así, no como un trámite anual, sino como un acompañamiento que ayuda a que cada propietario decida con la información que realmente necesita.
