Cuando disentir era divertido, incluso en la comunidad de vecinos.
Luces en el portal, belenes improvisados en la entrada, villancicos sonando de fondo y, cómo no, la junta de vecinos antes de Navidad.
Sí, ese momento mágico del año en el que todos deseamos paz, amor y armonía justo antes de discutir por el presupuesto, el ascensor o la gotera del 3ºB.
Hubo un tiempo, también en las comunidades de propietarios, en el que disentir no era sinónimo de guerra.
Se discutía en junta, se levantaba la voz lo justo, se decían barbaridades moderadas y luego todos se iban a casa, a veces enfadados, casi siempre vivos.
Antes, discrepar con el administrador o con el vecino del quinto no te convertía automáticamente en el villano del bloque.
Se podía decir “no lo veo” sin que alguien pidiera cabezas, dimisiones o presupuestos alternativos enviados por WhatsApp a las dos de la mañana.
Las juntas eran un ring, pero con reglas, donde se debatía sobre el ascensor, la fachada o el presupuesto, no sobre la dignidad humana del que pensaba distinto. El desacuerdo era parte del mantenimiento del edificio, casi como limpiar el garaje o revisar la caldera.
Hoy no se discrepa, se impugna, no se pregunta, se exige, y noo se debate, se sentencia.
Todo con mayúsculas, audios eternos y la firme convicción de que uno sabe más que el técnico, el proveedor y el administrador juntos.
El administrador, que antes era árbitro, ahora es diana.
Ahora, casi por imperativo es mediador, psicólogo, traductor emocional y, si se tercia, saco de boxeo y, aun así, tiene que sonreír y desear felices fiestas en el grupo de la comunidad.
Y es una lástima porque cuando disentir era divertido, incluso en una junta, las cosas avanzaban, se llegaban a acuerdos, se entendían los límites y, milagro navideño, el edificio funcionaba.
Quizá estas Navidades convendría recuperar algo de aquello, disentir mejor, escuchar más y recordar que vivir en comunidad implica, como mínimo, convivir con opiniones ajenas.
Al fin y al cabo, la paz en la escalera también se construye aunque no venga en el presupuesto.