Llegamos a la W.
Y esta vez no hemos tenido que hacer demasiadas piruetas.
Porque hay una palabra que, aunque no aparezca precisamente en la Ley de Propiedad Horizontal, forma parte de la vida diaria de prácticamente cualquier comunidad de propietarios:
W de WhatsApp.
El grupo de WhatsApp de la comunidad.
Ese lugar en el que un vecino pregunta si alguien sabe quién ha dejado una caja en el portal.
Otro responde que lleva tres días viendo la misma caja.
Otro dice que seguramente será de la obra del tercero.
El del tercero contesta que no es suya.
Y, diez mensajes después, alguien aprovecha para recordar que “la piscina sigue estando demasiado fría”.
Bienvenidos al maravilloso mundo de la comunicación vecinal.
¿WhatsApp es la Junta?
No.
Y conviene tenerlo claro.
WhatsApp puede ser una herramienta estupenda para comunicarse, compartir información o avisar de determinadas cuestiones.
Pero un grupo de WhatsApp no sustituye automáticamente a una Junta de propietarios, ni una conversación entre vecinos equivale a un acuerdo formal de la comunidad.
Porque una comunidad tiene sus procedimientos, sus convocatorias, sus mayorías y sus reglas. Y una cosa es decir, “¿qué os parece si pintamos el portal?”
Y otra muy distinta «aprobar formalmente que el portal se pinte«. Entre ambas cosas hay algo bastante importante; «el procedimiento”.
El problema de los 147 mensajes.
Todos conocemos esa situación.
Alguien pregunta algo.
Otro responde.
Un tercero aporta una opinión.
Alguien recuerda un problema de hace seis años. Otro manda una fotografía.
Y, cuando quieres darte cuenta, tienes 147 mensajes sin leer y sigues sin saber qué se ha decidido.
Por eso WhatsApp puede ser útil, pero también puede convertirse en un pequeño caos.
Especialmente cuando se utiliza para intentar resolver por conversación cuestiones que requieren información, documentación o un acuerdo formal.
Porque en una comunidad no siempre gana quien escribe más rápido.
Ni quien manda más audios.
Ni quien consigue que su mensaje tenga 27.
Entonces, ¿para qué sirve?
Para muchas cosas.
Avisar de una incidencia.
Informar de un corte de agua.
Recordar una actuación prevista.
Compartir una fotografía.
Facilitar una comunicación rápida entre vecinos.
Incluso ayudar a que determinadas informaciones lleguen antes a los propietarios.
Pero conviene saber qué estamos haciendo en cada momento.
Informar no es acordar.
Opinar no es votar.
Y escribir “todos de acuerdo” no convierte por sí solo una conversación en una Junta de propietarios.
Por eso, cuando una cuestión necesita una decisión formal, hay que utilizar el cauce que corresponda.
¿Y el administrador?
Aquí WhatsApp puede ser también una herramienta útil.
Pero el administrador no debería convertirse en el “servicio técnico 24 horas del grupo de vecinos”.
Porque una buena gestión necesita canales ordenados.
- Incidencias.
- Documentación.
- Comunicaciones.
- Convocatorias.
- Acuerdos.
- Seguimiento.
- Y, sobre todo, que la información importante no se pierda entre memes, audios de dos minutos y discusiones sobre quién ha dejado abierta la puerta del garaje.
WhatsApp puede ayudar.
Pero organizar una comunidad es bastante más que tener un grupo de WhatsApp. Porque la tecnología facilita las cosas, ¡claro!, si sabemos para qué utilizarla.
En AFISER creemos que la comunicación debe ser rápida, clara y accesible.
Pero también ordenada.
Porque cuando hablamos de una comunidad de propietarios, no todo se puede resolver con un “¿lo hablamos por el grupo?”
A veces sí.
Y otras veces la respuesta correcta es “esto mejor lo tratamos como corresponde”. Y esa también es una forma de administrar bien.
Nos vemos en la próxima letra.
Hoy hemos hablado de la W.
La próxima parada será la V.
Y ahí sí que volvemos a terreno conocido:
V de Votación.
Porque en una comunidad, tarde o temprano todo acaba pasando por una votación.
De la Z a la A. Como nadie te lo había contado.
